8 nov. 2009

En Ciudad de México

Ciudad de México es encantadora, con unas bellezas arquitectónicas y una vida cultural muy amplia y variada. Ruinas y sitios arqueológicos, imponentes templos y edificaciones coloniales, museos que nos dejan ver toda la historia y cultura del hermoso pueblo mexicano y rincones que nos sorprenden.

Es precisamente de estos últimos puntos de lo que voy a escribirles. Del mexicano común, ese que trabaj en la recepción de un hotel o como dependendiente en una tienda, del que usa los diferentes sitemas del transporte público, también de aquellos que van circulando por las calles o sirven cervezas e algún bar de la calle Amberes. De todos ellos sólo recibimos Marmota y yo buenos tratos, apoyo, sonrisas amables y colaboración.

Percibí al mexicano como a alguien muy respetuoso de los demás, más pendiente de vivir y disfrutar que de andar chismorreando la vida ajena.

De todo este gentilicio hermoso me encantó la apertura para entablar conversación, el interés por hacer que otros conozcan su cultura y por conocer la de los demás.

Pero de todo, de todo, de todo lo que más me impacto, y debo decir que en un aspecto muy positivo, es la apertura con que se lleva la vida Gay en la ciudad. Los avances que ha logrado la GLBT son valiosísimos. Ver parejas gays caminando tomadas de la mano, sentados en bancas del paseo la reforma haciéndose arrumacos o besándose cariñosamente en una esquina fue algo sencillamente sublime. ¡Cuántas muestras de amor pueden verse! Claro, se ve uno que otro cachondeo, pero en líneas generales me encantó, y a Marmota también, que al gay mexicano le gusta vivir en pareja y que son super amorosos con ellos. Además, esa posibilidad de poder decir abiertamente que amas a ese hombre, o a esa mujer, con quien vas de la mano paseando por la calle sin importar el qupe dirán o sin tener represalias de las autoridades policiales es un tesoro. No me quiero imaginar lo que le hará la policía a dos hombres que se estén besando en la Plaza Altamira en Caracas.

Los bares en la calle Amberes, ubicada en la Zona Rosa, son totalmente abiertos, y sólo vi a chavos disfrutando de la vida con su amor o sus amigos sin meterse con nadie, sólo pendientes de las personas con quienes estaba y haciendo su propia rumba.

Ojalá en muchas ciudades de latinoamérica hubiese esta apertura y esta posibilidad de tener por lo menos una zona dónde el amor entre iguales no sea condenado ni burlado. Poder demostrarle al mundo lo feliz que eres con esa persona a quien escogiste para acompañarse en la vida es un privilegio que tienen, al menos en ese rincón de la ciudad. Acá en Caracas los bares gays que hay están bien escondidos, y cuando vas a entrar lo haces mirando para todas partes, alerta de que no te agarre ningún conocido. Allá vi otra cosa. No digo que sea la maravilla del mundo, sus problemas han de tener. Pero no deja de impactarme que la tierra de los meros machos, de bigote pelo en pecho, picante y tequila permita espacios gayfriendly dónde se puede ser feliz de una manera sana, sabrosa y abierta.

2 comentarios:

Chaser LJ dijo...

Que bueno que te fue genial amigo... Merecidas vacaciones...

Un abrazo...

Sófía dijo...

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